jueves, 18 de febrero de 2021

Historia en segunda persona 2. Alberto QG

 

Sales de puntillas de la habitación al comedor. Ordenas tus cajas de acuarelas, recolocas los libros en las estanterías y limpias los restos de tinta china que dejamos anoche sobre la mesa escribiendo hanzis. Vuelves a la habitación y te quitas mi sudadera vieja. Disimulas, sabes que estoy despierto y te acercas a la cama como deseando que admire el moreno natural de tu piel y las curvas de tu pelo. Te recreas poniéndote la ropa. Dejas caer tu blusa blanca de lino sobre tu pecho, esa que sabes que me gusta tanto, la que resalta tus ojos. Deslizas por tus piernas los pantalones de pitillo muy despacio, como en un striptease inverso. Te acercas a la cama, me das un beso en la frente y sales a la calle. Caminas hasta la editorial, con esos andares tuyos tan elásticos. Trabajas todo el día sin dejar de pensar en mí, de igual modo que sabes que yo estoy pensando en ti. Por la tarde, antes de salir miras el móvil y sonríes al ver que te he enviado una foto de la cena casi lista en el horno. Vas a nuestra pastelería y compras tu merengue favorito. Caminas de vuelta a casa, pero nunca llegas. Todos dicen que no vas a volver. Pero tanto tú como yo creemos en el poder invocador de la palabra, en la capacidad creadora del verbo. Y quizá mi propio pensar te dan forma y consistencia a mis recuerdos más allá de las páginas.

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