Te pones un buen vestido, uno primaveral,
el de flores que te gusta. Cojeas hasta el coche. Sabes bien que los años no
perdonan y dos operaciones de cadera son testigo. Conduce lenta, haciendo caso omiso
de la impaciencia y pitos de algunos conductores. Hace tiempo que vives ajena
al mundo de las prisas y la urgencia. Llegas al centro comercial, montones de
gente pasea de tienda en tienda en familia o grupitos de amigos. Decides
tomarte un café en esa cafetería moderna que tanto le gustaba a tu hijo. Solo
se vive una vez, piensas, para algo has trabajado toda la vida, mañana ya quien
sabe donde estarás. Miras a los otros clientes, son todos jóvenes, demasiado
jóvenes, algunos casi podrían ser tus nietos si los tuvieras. Tienes que ir a
la tienda de teléfonos, así que te levantas y pagas los excesivos cuatro
cuarenta del café con leche y sales. La tienda es enorme, te diriges al
mostrador. Hay una chica joven de no más de 18 años, apoyada sobre el vidrio,
mascando chicle y con la cremallera del uniforme bajada más de lo que tu
consideras decente.
-Buenos días, señorita ¿Me preguntaba si me
podría echar una…?
- ¿Qué quieres? - Te interrumpe sin moverse un palmo,
mirándote de reojo y haciendo una pompa con el chicle.
-Emm… sí mire, es que me ha llegado una
factura de teléfono este mes de casi doscientos euros y no se de que es.
-Si miras en la aplicación te sale de que
es cada gasto- Contesta,
esta vez sin tan siquiera dirigirte la mirada.
-¡Disculpe señorita! ¡Soy una clienta y me
gustaría un poco de respecto, al menos querría que me mirara usted a la cara! - Dices alzando mucho la voz.
Un chico no mucho mayor, con acné y el uniforme
y gorra de la compañía se acerca a ver si puede calmarte.
- Disculpad ¿Qué sucede? ¿Tiene usted algún
problema? -Dice
mirándonos alternativamente a las dos.
-Pss, a esta se le va la pinza - Le dice la chica en voz baja haciendo como
si no pudiera oírle.
- ¿Es usted el encargado? Me gustaría que
me ayudaran, que mi tiempo vale dinero y si no al final voy a tener que poner
una hoja de reclamaciones.
- Sí, soy el store manager. A ver,
explíqueme su problema señora - Te dice con cierta condescendencia.
- Tengo este mes una factora del teléfono
de case doscientos euros y no sé por qué. Exijo una explicación.
Me toma los datos y comienza a mirar una
pantalla y a asentir con la cabeza.
- Aquí está el problema. Ha estado usted
alquilando películas de Google play y tiene activada la opción de cargo en
factura de teléfono.
- Pero eso no puede ser. Yo no he activado
nada. Bueno no sé, es que esas cosas antes me las miraba mi hijo. -Contestas con la voz temblorosa.
-Si quiere se lo desactivo yo.
Se lo das. Te tiemblan las manos de
impotencia. No te aclaras con estos trastos y no hay ya quien te ayude.
-¿Pero entonces me devuelven el dinero?
-Lo siento señora, pero eso no lo podemos
hacer. Es un gasto que usted ha hecho al adquirir contenido digital.
-Esto es una vergüenza. Quiero el libro de
reclamaciones.
-No tenemos, puede usted acceder a nuestra
web y poner desde ahí una reclamación.
Le quitas le móvil de la mano con malos
modos y te das la vuelta. No quieres que te vean así. Caminas hacia al baño lo
más rápido que puedes mientras sientes un cosquilleo en los lagrimales. Te
lavas la cara y se te corre el maquillaje. Miras al espejo y me ves. Tan igual
a ti, perfectamente simétrica. Triste huella de lo que fuiste. Recuerdo constante
de nuestra decadencia.
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