jueves, 18 de febrero de 2021

Narrador en segunda persona. Alberto QG

 

Te pones un buen vestido, uno primaveral, el de flores que te gusta. Cojeas hasta el coche. Sabes bien que los años no perdonan y dos operaciones de cadera son testigo. Conduce lenta, haciendo caso omiso de la impaciencia y pitos de algunos conductores. Hace tiempo que vives ajena al mundo de las prisas y la urgencia. Llegas al centro comercial, montones de gente pasea de tienda en tienda en familia o grupitos de amigos. Decides tomarte un café en esa cafetería moderna que tanto le gustaba a tu hijo. Solo se vive una vez, piensas, para algo has trabajado toda la vida, mañana ya quien sabe donde estarás. Miras a los otros clientes, son todos jóvenes, demasiado jóvenes, algunos casi podrían ser tus nietos si los tuvieras. Tienes que ir a la tienda de teléfonos, así que te levantas y pagas los excesivos cuatro cuarenta del café con leche y sales. La tienda es enorme, te diriges al mostrador. Hay una chica joven de no más de 18 años, apoyada sobre el vidrio, mascando chicle y con la cremallera del uniforme bajada más de lo que tu consideras decente.

-Buenos días, señorita ¿Me preguntaba si me podría echar una…?

- ¿Qué quieres? - Te interrumpe sin moverse un palmo, mirándote de reojo y haciendo una pompa con el chicle.

-Emm… sí mire, es que me ha llegado una factura de teléfono este mes de casi doscientos euros y no se de que es.

-Si miras en la aplicación te sale de que es cada gasto- Contesta, esta vez sin tan siquiera dirigirte la mirada.

-¡Disculpe señorita! ¡Soy una clienta y me gustaría un poco de respecto, al menos querría que me mirara usted a la cara! - Dices alzando mucho la voz.

Un chico no mucho mayor, con acné y el uniforme y gorra de la compañía se acerca a ver si puede calmarte.

- Disculpad ¿Qué sucede? ¿Tiene usted algún problema? -Dice mirándonos alternativamente a las dos.

-Pss, a esta se le va la pinza - Le dice la chica en voz baja haciendo como si no pudiera oírle.

- ¿Es usted el encargado? Me gustaría que me ayudaran, que mi tiempo vale dinero y si no al final voy a tener que poner una hoja de reclamaciones.

- Sí, soy el store manager. A ver, explíqueme su problema señora - Te dice con cierta condescendencia.

- Tengo este mes una factora del teléfono de case doscientos euros y no sé por qué. Exijo una explicación.

Me toma los datos y comienza a mirar una pantalla y a asentir con la cabeza.

- Aquí está el problema. Ha estado usted alquilando películas de Google play y tiene activada la opción de cargo en factura de teléfono.

- Pero eso no puede ser. Yo no he activado nada. Bueno no sé, es que esas cosas antes me las miraba mi hijo. -Contestas con la voz temblorosa.

-Si quiere se lo desactivo yo.

Se lo das. Te tiemblan las manos de impotencia. No te aclaras con estos trastos y no hay ya quien te ayude.

-¿Pero entonces me devuelven el dinero?

-Lo siento señora, pero eso no lo podemos hacer. Es un gasto que usted ha hecho al adquirir contenido digital.

-Esto es una vergüenza. Quiero el libro de reclamaciones.

-No tenemos, puede usted acceder a nuestra web y poner desde ahí una reclamación.

Le quitas le móvil de la mano con malos modos y te das la vuelta. No quieres que te vean así. Caminas hacia al baño lo más rápido que puedes mientras sientes un cosquilleo en los lagrimales. Te lavas la cara y se te corre el maquillaje. Miras al espejo y me ves. Tan igual a ti, perfectamente simétrica. Triste huella de lo que fuiste. Recuerdo constante de nuestra decadencia.

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