UNA COMIDA ESPECIAL
Acabas de llegar del instituto, hoy comerás cualquier cosa para después echarte un rato al sofá. Has tenido una mañana dura, examen de filosofía y varias horas de clase en un aula donde tus compañeros chillan y huelen por igual.
Después de pasear a Coki, que esperaba ansioso con la correa en la boca, por fin abres la puerta de la nevera, y pasas largo rato en esta misma posición cuando llaman por teléfono.
-¿Diga?
- Ana voy a comer con una compañera de trabajo- es tu hermana mayor
-¿Pero hay algo para comer?
-Prepara una ensalada, hay lechuga en la nevera, y algo de carne, el otro día compré albóndigas.
-De acuerdo. ¿Cuánto tardas?
-Una media hora
-Vale, hasta ahora- y cuelgas.
Te pones en marcha inmediatamente, no tienes ni idea de que hacer, pero vas a desplegar todas tus dotes culinarias.
Abres la nevera, coges la lechuga del cajón de las verduras y preparas una ensalada ligera. De plato principal, con el tiempo del que dispones, decides hacer unas albóndigas con tomate, el tomate frito es una apuesta segura. Te sobra tiempo, así que te pones a batir claras para hacer merengue que acompañarás de unas láminas de hojaldre tipo milhojas. Preparas la mesa pequeña, al fin y al cabo solo sois tres. En ese momento abren la puerta y entran en el salón antes de que tú acudas.
- Ana te presento a Noelia
-¿Qué tal Noelia?- preguntas con una gran sonrisa a modo de bienvenida
-Bien – la chica es parca en palabras. Está muy delgada y no tiene cara de ser muy simpática, pero lo que más te llama la atención es el enorme zanco de su zapato y la muleta, en la rodilla de la pierna del zanco lleva algo, una especie de aparatejo del que debes despegar la vista porque ella te está mirando.
-¿Comemos?- La verdad es que quizá no fue buena idea que preparases la mesa pequeña.
Le indicas a Noelia que se siente mientras vosotras traéis la comida, aunque cambias de idea cuando la ves lidiar con la muleta, el zanco, la silla, el mantel y las patas de la minúscula mesita que cada vez te parece más pequeña. Cuando está todo en orden por fin vas a la cocina, todavía tienes que montar las milhojas. Al parecer no es tan fácil como creías, termina siendo una crema algo más líquida de lo que quisieras con trozos de hojaldre flotando, que al intentar arreglarla forman una amalgama a la que para salvar las apariencias vas a llamar milhoja desestructurada.
Por fin sentadas empezáis a hablar de vuestro día, ellas hablan de un caso de esquizofrenia, Mari te empieza a contar una anécdota de una consulta, el paciente sufría parálisis cerebral, y se lo olvidaron cuando salieron corriendo por una alarma de incendios, por supuesto tuvo que volver a por él. Comíais la ensalada y Mari te pregunta
-¿Qué lechuga has usado?
-La del cajón de verduras
-¿No habrás cogido la acelga?
-No sé, yo he visto unas hojas verdes y pensé que sería lechuga
-No. Es acelga seguro- dice Noelia en el momento en el que deja un trozo de la falsa lechuga en el plato.
- Vaya, lo siento, si queréis empezamos con las albóndigas- a ti te parece que no está tan mal, pero piensas que quizá sea mejor pasar al plato principal.
Empiezas a servir las albóndigas con tomate, cuatro para cada una serán suficientes, si quieren podrán repetir. Mientras las sirves te llega el aroma del plato, con las prisas no habías podido probarlo, no le has puesto sal pero suelen estar bien condimentadas.
En ese momento olisqueas mejor, ese olor..., ese olor te resulta familiar. Te sientas y las tres en silencio empezáis a probar el plato. El primer trozo es decisivo. Estas albóndigas tienen trocitos y saben como huelen, pero ese olor no puede ser. Sin levantar la mirada cortas otro trozo. Mientras te lo metes en la boca levantas la vista. Tu hermana está masticando también. Todo sigue en silencio. Mantenéis la mirada. Sus ojos te dicen lo que ya sabes.
- Esta comida sabe a ...- dice
- comida de Coki- dices sin dejarle terminar la frase.
En ese momento Noelia se levanta de la mesa tirando la muleta, y a zancadas más deprisa de lo que jamás hubieses soñado llega al baño para vomitar, tirar, expulsar, eliminar de su cuerpo aquella bola de carne que tenía en la boca, con trozos de huesos y cartílago machacado.
-¿Pero dónde la has comprado?- le dices a Mari algo alterada
-En el súper, del refrigerador que está pegado a la carnicería
-¿Ese que tiene un cartel arriba que pone comida de animales?- le respondes en tono de sorna.
Mari acude en ayuda de su compañera. Cuando vuelven las dos, Noelia decide que tiene que irse, al parecer no le ha sentado bien la comida y tiene algo de prisa. Quieres decirle que lo sientes, pero la verdad es que lo has hecho lo mejor que sabes, ¡y lo de las albóndigas no ha sido cosa tuya!.
Al cerrar la puerta de casa, coges la milhoja, te sientas en la mesa con tu hermana, y mientras coméis esa sopa con tropezones no podéis evitar parar de reír.
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