jueves, 10 de diciembre de 2020

(Sin título) Ester Tomas

 

Llega el metro, subo. Me pregunto de qué estaré huyendo. Ahí hay un sitio libre, me siento. Lo que está claro es que me quería ir de allí, con todo el mundo hablando de ti no soportaba ni un minuto más. Aunque es normal, eres increíble; yo lo sé mejor que nadie. ¿Cuántas paradas me quedan?, cinco todavía. Pero me da rabia, hoy era mi día, se supone que debía ser yo el protagonista; al menos por un rato. Pero claro, eso es algo imposible para ti, ser el centro de atención forma parte de tu naturaleza. ¡Pero cuánto ruido hay en este vagón! La jodida señora que no se calla; ¡no articula las palabras, las vomita! Desde el principio del evento todos han estado alabando tu inteligencia, tu gracia y tu ingenio. La gente conecta enseguida contigo. En cambio, yo no causo el mismo efecto. Para los demás, yo soy el pedante, el insustancial, incluso el rarito. Entiendo que te adoren, yo estoy totalmente enganchado a ti. La verdad es que siento cierta sensación de orgullo cuando te nombran. ¿Por qué parada voy? Colón todavía, ¡qué lento es este trasto! Vale, lo admito estoy más que enganchado; estoy obsesionado contigo. Pienso en ti constantemente. Cavilo sobre nuestro futuro, ¿qué voy a hacer contigo? La verdad es que hay cada personaje en el metro que me daría para escribir otro libro; aunque seguramente no sería tan bueno como este último, porque no estarías tú, claro. Yo te creé, te di mi tempo, vacié mi vida para llenar la tuya y ahora no tengo nada. Por lo menos tengo a ti. Pero tú brillas con luz propia y hoy en la presentación, me has eclipsado. La gente no se enamora del autor, sino del personaje. Qué vació se ha quedado de repente el metro; igual que yo, vacío. Dudo que vuelva a concebir algo tan perfecto como tú. Eres todo lo que tengo ahora mismo. ¡Por fin se va la jodida señora que vomita palabras! Que silencio. ¡No puede ser, lo que faltaba! Te acabas de sentar enfrente y ni me has mirado. Eres tú, no hay otro igual. Reconozco esos aires de grandeza. Estás en mi cabeza, ¿recuerdas? ¿Por qué no me miras? Solo estamos tú y yo en todo el vagón, ¿no quieres saber quién tienes delante? Mírame. Pero, ¿cómo te atreves? ¡Mírame! ¡Yo soy el que existo de verdad, tú solo eres una parte de mí! ¡Vamos, mírame! ¡Sin mí no serías nada! Pero no me miras. Se para el metro y te bajas.

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