lunes, 7 de diciembre de 2020

Sin título (Alberto QG)

 

Antes de ti todo era obscuridad. Yo era otra más, otra de tantas. Moldeada a fuego por esa la maquinaria brutal que nos quema y nos hace frías. Que nos exige ser a todas iguales y perfectas, a la espera de un hombre como tú. Me tocas con tus manos toscas y sucias como las de un artista y yo solo deseo que pintes conmigo sobre tus lienzos, que des forma a tus fantasías y sueños. Cuando me agarras lo siento, no es tu primera vez, ni tan siquiera sé si significo algo, si me distingues de todas las demás. Me manipulas entre tus manos expertas y solo te odio más sin desearte menos.

Me metes en la recámara sin tan siquiera mirarme, ni un adiós merece este romance. Huele a pólvora, todo está oscuro de nuevo. Un “clic”, un movimiento, apuntas, aprietas el gatillo y fuego. Salgo propulsada entre llamas, rompiendo el aire en una parábola. Me alejo de ti, me enfrío y ya te echo de menos. No sé a dónde voy, aunque lo presiento, pero sé que es lo que tú quieres y con eso me basta. Zumbo entre nubes de humo y más hombres, unos de pie, otros que caen, muchos sobre el suelo. Entonces le veo, frente a mí, con la cara tiznada y mirada de nunca haber roto un plato. No tiene tiempo de apartarse, no puedo evitarlo, no quiero esquivarle. Impacto, penetro y atravieso piel, carne y hueso.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Frase de comienzo de relato. AQG

  Si le dejé no fue solo por los cadáveres que guardaba en el sótano. Conocí a Erich en el verano del 51, en Lafayette, Luisiana. Un puebl...