Sonó el despertador más pronto de lo que me hubiese gustado. La cuarentena pasa factura, me da igual lo que digan los estudios sobre la segunda juventud, el empoderamiento de la mujer y todas esas chorradas, seguramente los firmó el mismo desgraciado que desde su despacho con vistas afirma que el trabajo beneficia al cuerpo y al alma. Y una mierda. Me gustaría ver que diría ese insensato teniendo que despegarse de la cama a las cinco de la mañana para toparse con el engendro con el que comparto zulo, egocéntrico y vicioso, un gay que piensa que aún está en el mercado. Lo tiraría si no fuera porque el piso es suyo.
No recuerdo la verdadera razón por la que llegué a Madrid hace ya veinte años, soñaría con un trampolín a Broadway pero mi único triunfo ha sido actuar en la Chocita del Loro de Carabanchel, y sólo por una noche, después el dueño se apiadó de mí y desde entonces sirvo copas. Mi padre decía que llegaría lejos. Créeme papá, jamás pensé llegar aquí.
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