Son las cuatro de la madrugada, su marido y su hija duermen en la habitación, ella se encuentra en la cocina delante de varios sobres de tila mirando el segundero he intentando controlar el ritmo de sus latidos. Dos respiraciones profundas. Cuanto más piensa peor. A sus casi treinta y dos años es joven para un ataque al corazón. Dos respiraciones. Se imagina con una sonrisa torcida que dirían sus conocidos, ‘tenia un buen trabajo, parecía feliz, una pena’. Que sabrán ellos, sólo sabemos lo que nos enseñan y Clara siempre ha sido muy cuidadosa.
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